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Bienvenidas las mujeres y los hombres

Todos estamos impulsados por dos energías distintas: la polaridad femenina y la polaridad masculina. La primera se vive desde el interior; es nuestro instinto, nuestras sensaciones y nuestra receptividad. La segunda se vive hacia el exterior; estructura y se manifiesta en la materia.

Así, es a través de la energía femenina que abrimos las puertas a lo divino. Seamos hombres o mujeres, esta forma parte de nosotros. Es el acceso a nuestra multidimensionalidad.

Trauma - Trastorno disociativo

Un trauma es un choque demasiado intenso para ser completamente integrado, dejando el sistema nervioso en alerta constante. La disociación surge entonces como una protección natural, donde uno se desconecta de sus emociones y sensaciones.

La energía femenina nos permite reinsertar plenamente nuestro cuerpo. Al poner nuestra atención en nuestro interior con suavidad, podemos volver a las sensaciones y darnos un espacio de seguridad y confianza con nuestro cuerpo.

Los eventos traumáticos pueden entonces ser acogidos. Es a través de un estado de conciencia ampliado que podemos integrar los eventos de la vida que nos impactan.

La energía femenina al servicio de tu mundo interior

El abuso sexual y el incesto están ampliamente presentes en nuestras sociedades, a menudo ocultos tras el silencio, la vergüenza y el miedo. Afectan a todas las clases sociales y dejan huellas profundas en el cuerpo, el corazón y la psique.

Más allá del sufrimiento relacionado con los abusos, la energía femenina ofrece un camino de sanación. Al aceptar, cuando es el momento adecuado, dirigir la atención y el amor hacia el interior del cuerpo, lo inaceptable puede ser aceptado y transmutado.

De hecho, al reapropiarte de tu vehículo sagrado y dejar que la energía retome su lugar mediante la presencia, es que un nuevo estado de conciencia abre la puerta al perdón.

Abuso sexual
Ansiedad - Pérdida de sentido

Vivimos en una época en la que la ansiedad aumenta. El ritmo de vida y el aislamiento interior dejan a muchas personas agotadas, desconectadas de sus impulsos más profundos. Sin embargo, detrás de eso se esconde un llamado: el de volver a uno mismo y a una relación viva con lo sagrado, con el cuerpo y con el mundo. 

Frente al vacío de la pérdida de sentido, la energía femenina nos invita a desacelerar y a escuchar. Es al reconectar con las sensaciones de nuestro cuerpo que podemos acoger una fuerza mayor y reconectarnos con nuestra fe.

Es un regreso a la fuente universal que da aliento a nuestra existencia y nos permite reconectarnos con el momento presente.

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